Porque todos conocemos "Romeo y Julieta", la archiconocida y sobre-explotada tragedia de William Shakespeare. Seguro que habréis oído miles de veces esta historia de amor, guerra, honor, entrega y frustración. A pesar de que es la obra romántica por excelencia de la literatura medieval, incluso de la historia, hay un dato a tener en cuenta que me parece muy importante: la virginidad y la espera hasta el matrimonio, incluso cuando el amor es claro, sincero, honesto, auténtico e indisoluble. Incluso cuando los amantes (en espíritu y no en cuerpo) viven sinceramente su amor, no son capaces, por tradición o absoluto respeto, pasar a la esfera de lo físico.
Muchas veces creemos que, conocido el amor y con el pleno convencimiento de que lo pondremos todo por nuestra parte para que sea para siempre, es legítimo entregarse a alguien. Por ello, y por mucho más, hay satisfacciones mucho más grandes, importantes, románticas y virtuosas que la mera entrega sexual. Aquí os dejo un pequeño diálogo de la obra. Si no vivís enamorados, quizás os parezca extremadamente cursi, sobretodo si no os llama la atención Shakespeare. No obstante, estas palabras recogen un acertado canto al amor verdadero, el compromiso y la realidad de que la mayor satisfacción posible será siempre espiritual y no física.
Romeo- Juro por esa luna santa que platea las copas de estos árboles...
Julieta- ¡Ah!, no jures por la luna, esa inconstante que cada mes cambia en su esfera, no sea que tu amor resulte tan variable.
Romeo- ¿Por quién voy a jurar?
Julieta- No jures; o, si lo haces, jura por tu ser adorable, que es el dios de mi idolatría, y te creeré.
Romeo- Si el amor de mi pecho...
Julieta- No jures. Aunque seas mi alegría, no me alegra nuestro acuerdo de esta noche: demasiado brusco, imprudente, repentino, igual que el relámpago, que cesa antes de poder nombrarlo. Amor, buenas noches. Con el aliento del verano, este brote amoroso puede dar bella flor cuando volvamos a vernos. Adiós, buenas noches. Que el dulce descanso se aloje en tu pecho igual que en mi ánimo.
Romeo- ¿Y me dejas tan insatisfecho?
Julieta- ¿Qué satisfacción esperas esta noche?
Romeo- La promesa de amor eterno. (La de jurarnos nuestro amor).
Julieta- El mío te lo di sin que lo pidieras; ojalá se pudiese dar otra vez.
Romeo- ¿Te lo llevarías? ¿Para qué, mi amor?
Julieta- Para ser generosa y dártelo otra vez. Y, sin embargo, quiero lo que tengo. Mi generosidad es inmensa como el mar, mi amor, tan hondo; cuanto más te doy, más tengo, pues los dos son infinitos.
"Romeo y Julieta" de William Shakespeare.
(Preguntémonos cuántos hombres pensarían que la máxima satisfacción que se nos puede dar es, precisamente, la promesa de amor eterno...)