miércoles, 26 de octubre de 2011

"Otra completa lástima" (Ensayo 4º "Claves del Pensamiento Actual")

          
         Es triste ver cómo algo muy importante para muchos se ve trivializado y banalizado por tantos otros, se automatiza y animaliza, se pervierte y se envilece, se prostituye.  Más triste es ver y palpar la decadencia de la razón, la voluntad y el amor propio, la levedad de los ideales y la incisiva contundencia de lo momentáneo.  A estas alturas de nuestras vidas estamos más que acostumbrados a ver, en los demás o en nosotros mismos, la sumisión de la decencia y la virtud a impulsos desprovistos de sentimientos que únicamente obedecen a lo más básico de nuestro ser, a lo más superficial y lo más inmediato.  


           Vivimos en una sociedad sobresexualizada, anuncios publicitarios o tendencias con gran carga erótica se convierten en el menor de los problemas, el principal problema se asemeja a la mentalidad “abierta” que se instaura en cada joven, apertura de mente que repudia la castidad, la virginidad y la contención de los impulsos, una apertura de mente tan amplia que abre la puerta a la degradación, el arrepentimiento y la devaluación del sexo.  Ese es el problema, la pérdida de valor del acto sexual, el “todo vale”, el no necesitar un criterio inmutable para entregarse, no sólo no necesitarlo, sino llegar a inventarlo.  Unos dirán que Troya cayó por amor, mientras que otros dirán que cayó por lujuria.  Son dos visiones y una tiene más razón que otra.


          Siempre he pensado una cosa, quizás sea un poco absurdo, pero estoy completamente convencido: cada uno de nosotros nacemos con un “valor” (lógicamente, con similar dignidad), unos valen X y otros Y, más o menos, dependiendo de los méritos, las actuaciones y las decisiones.  Ese “precio” se aumenta o rebaja, según actuemos bien o mal, nos hacemos un hueco en el Mercado de Valores o lo perdemos.  Es lamentable ver cómo, día a día, personas con un valor incalculable se entregan o voluntariamente se deprecian o devalúan entregándose por menos de lo que deberían recibir a cambio.  Podría ser inmoral, pero, ya que estoy economizando la transacción, por lo menos sería  un muy mal negocio, sobre todo si el principal motivo de dicho negocio es un comportamiento irracional y completamente turbulento. Siguiendo con el ejemplo, mediando amor real o ilusión del mismo, un mal negocio, que en la práctica sería una entrega desinteresada, podría intentar justificarse con esa premisa.  Pero la entrega interesada, pues así concibo a una entrega carente de amor, no encontraría, según mi absurda teoría, justificación alguna, salvo el reconocimiento de la pérdida de valor por arriesgar y operar con valores inseguros, y sí, inmorales.


          Pero qué difícil es remar a contracorriente teniendo la sociedad que tenemos sobre nosotros, que en cierto modo, intenta adoctrinar para que en el consenso y consentimiento generalizado podamos todos acceder a goces propios del amor y adaptarlo al terreno de lo práctico, lo apetecible y lo lascivo, y sí, repito, lo inmoral. Lo que unos llaman “castidad, celibato o virginidad”, otros lo llaman “represión sexual u opresión de nuestro propio desarrollo”. Lo que unos denominan “espera” otros lo califican de “tortura”, lo que unos legítimamente llaman “elección o decisión” otros lo banalizan como “manipulación”. Qué pena que todo ocurra por no saber dominarnos, por ser débiles y no tener criterio, por no saber lo que queremos. Obrando mal, perdemos valor, nosotros y quien creemos querer, no pensamos en el mañana ni en el final, solo queremos aprovechar el ahora y el momento. “Todo es el momento” podría decirse, pero, en realidad, “todo” lo será en el futuro, la durabilidad, la familia, la autenticidad y la reiteración de los sentimientos. Sería una dulce ambición que cada persona fuera lo bastante valiente para entregarse solamente a la persona que la merezca y poner al tiempo y a la mesura como árbitros y testigos de dicho merecimiento, es decir, aguardar y asegurarse mientras dure el noviazgo. Si por la razón que fuera, te precipitaste en relaciones anteriores y te percatas del daño que provocaste y también sufriste como consecuencia de conseguir lo que querías, la redención, o vuelta atrás, consiste en saber cambiar, en poner los medios para no caer más, hasta el día que lo merezcas dando a cambio un amor verdadero y no un reflejo de algo que fingiste.


          Aparte del cariz duradero que se le quiera otorgar a una relación, basada en algún sentimiento o solo en temática sexual, es importante distinguir a las personas que lo conforman. Hoy en día podemos ver de todo, personas apasionadas y entregadas desinteresadamente de la forma más sincera, y personas manipuladoras, aprovechadas y maliciosas, que no dudan en aprender los métodos más casanovescos y viles para competir con la histórica sombra del Marqués de Sade, Casanova o Da Ponte. Hoy en día, podemos comprobar cómo el libertino y pícaro “Don Giovanni” se instaura en la mentalidad de todo joven carente de sentimientos verdaderos o criterio ético, siendo el sexo la actividad favorita de triunfantes acaparadores y embaucadores que no dudan en adueñarse de bienes paradisíacos ajenos.


          No resulta extraño comprender los motivos que impulsan a semejante mentalidad, ya que la poderosa tentación sexual puede llegar a estar omnipresente, pero en esta materia sería necesario cambiar el significado de “conquista” por el verbo “sucumbir”, ya que es equivalente el entrecomillado mérito a la debilidad de la cual se hace gala. De ahí, la importancia de marcar la existencia de un amor sincero, auténtico y demostrable como criterio de entrega sexual a la persona a la que se ame. Es importante saber decidir cómo y por qué sucumbir o entregarse ya que dicha decisión constata una gran parte de nuestra historia y personalidad. Es innegable que dentro de una entrega sexual también va implícita cierta entrega de nuestro ser, entregamos nuestra voluntad y lo hacemos por amor, es lo que da sentido a la entrega y la legitima. Entregarte a ti mismo, tu voluntad y todo tu ser a cambio de puro placer animalizado, es sexualizar una entrega que es más moral y espiritual que física, si lo contemplamos con los ojos de quien cree que el amor es la puerta principal del sexo y no una ventana más. Optar por lo fácil, no esperar, sino ansiarlo sin merecerlo, sería, en conclusión, otra completa lástima.

3 comentarios:

nina serra dijo...

muy interesante la verdad! me gusta el tema de lo de mercado de valores pero considero que todos empezamos del mismo nivel, como que todos salimos a la vez en la carrera...
y totalmente de acuerdo con lo de que entregarte en el sexo es dar parte de ti, sino no sentirías un vacío

aima dijo...

Vaya... Nunca quisiste mandarme algo de esto...

Carlos De Domingo dijo...

Nunca quise? jaja quizás porque no lo había escrito por aquél entonces...qué tal todo Anita?

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