lunes, 14 de noviembre de 2011

Escenas: Intro y Nostalgia ("Up")

                                      

          ¡Es increíble! La vi por última vez hace ya algún tiempo, pero aún recuerdo como me emocionó la escena de "Carl & Ellie", en serio, ¡es increíble! Automáticamente se convirtió en una de mis escenas favoritas, es dulce, intuitiva, divertida, cuenta toda una vida de paz y tranquilidad en apenas unos minutos. Derrocha cariño y afecto entre Carl y su esposa Ellie. La escena es enternecedora.


         La película en general es muy divertida, pero me parece más buena que divertida, más real que animada y más profunda que superficial. Puede que no se de en toda la película, pero las dos escenas que os dejo tienen mucha carga dramática, tienen momentos de felicidad, pero son, al fin y al cabo, gran contraste con los momentos de abatimiento. No sé, ¡me habéis pillado!, no sabría explicar bien lo que siento al ver la primera escena, recuerdo que al verla le dije a mi madre: "Uf...¿en serio? que pasada mamá, increíble".


         Si os gusta Pixar, es obligatorio ver "Up", si sois nostálgicos de los clásicos de Disney, es obligatorio ver "Up", si os gusta el cine, es obligatorio ver "Up" y, si queréis pasar un rato agradable con una película buena y no un merchandising entretenido, es obligatorio ver "Up".


Puntuación FilmAffinity: 7.9
Puntuación mía: 7.5

domingo, 13 de noviembre de 2011

Una interesante (y reducida) "chapa" sobre "Dogma 95", a la memoria de Teresa Beitia

     

        En ocasiones, a una persona le gusta un tema, le llama la atención, le apasiona. En ocasiones, esa misma persona se decide a escribir, a invertir un tiempo que no tiene en escribir algo que nadie leerá. Se llama ser "freak", perder el tiempo o simplemente, ser culto, o al menos, intentar serlo. Ocurre, en ocasiones, que esa misma persona se decide a escribir sobre un tema, emocionante para sí mismo, un completo coñazo para otros. 


          Resulta, a veces, que ese tema es extenso, no solo es extenso por sí solo, si no que esa persona, que le gusta el tema y por tanto escribe sobre eso, le gusta algo más, enrollarse, hablar y hablar, tenga algo que decir o no. Por ello, a veces, el resultado suele ser un amasijo inclasificable de palabras y palabras, y más palabras, e ideas e ideas, y más ideas. 


         De vez en cuando, una ávida lectora, no tan ávida al final de la historia, se atreve, o hace como si se atreviera, a leer dicho amasijo de palabras fruto de la locuaz imaginación del escritor con un gusto muy concreto que más arriba mencioné. Por este motivo, por la objetiva realidad de que lo que el escritor escribió es un completo coñazo, y por la subjetiva impresión de la ávida lectora, que no tan ávida a fin de cuentas, el completo coñazo con forma de ensayo y/o tesis al que nos referimos se vuelve ininteligible. Esto es, que, si fuera ávida sería ininteligible, lo cual supondría el intento y/o la intención de entender lo que previamente se ha escrito. 


         No obstante, concurre en pereza y no en avidez, por lo que la no tan ávida lectora no hace por leer siquiera el tedioso texto. La conclusión que a estas altura del delirio se me antoja más didáctica es que, en ocasiones y a veces, lo largo y tedioso es un coñazo, pero más coñazo sería escribir después un resumen del coñazo previo. Por lo tanto, y aunque mi intención inicial era escribir un resumen del post de "Dogma 95", no lo haré, llámalo pura pereza o unas ansias irrevocables de no seguir perdiendo el tiempo.




Dedicado a Teresa Beitia, querida gran amiga. Tuyo, siempre y cuando puedas pagar ese privilegio, Carlos De Domingo.

Dogma 95: iluso y retrógrado puritanismo cinematográfico

         
          Si conocéis a Lars Von Trier, seguramente conoceréis también el archiconocido "Dogma 95", un movimiento fílmico que inició el propio Von Trier junto a Vinterberg, Kragh-Jacobsen y Levring, en Dinamarca allá por el año 1995. Este movimiento, respaldado y positivizado por medio de su Manifiesto, abogaba por la ruptura con el concepto de cine que se tenía en ese momento, momento en el cual lo que movía emociones era más la artificialidad y los efectos especiales que el argumento o el sentido de la película. Para los creadores de Dogma 95 la comercialización hollywoodiense del cine causaba un deterioro interno y existencial en la verdadera razón del cine: mostrar sensaciones y sentimientos desde un argumento y una fuerza narrativa que, en muchos casos, se veía despejada por una mayor importancia de lo fácil, lo comercial, lo rentable y lo entretenible.


         El cine del Dogma 95 no es cine fácil, puede resultar muy atípico para quién está acostumbrado a las películas más comerciales. Precisamente por eso, por romper con aquella realidad cinematográfica, Dogma 95 trataba de devolver al cine su pureza inicial, una pureza que podíamos ver antes de la invención de tantos complementos que no hacían si no conformar, tanto a director como a espectador, con un guión vago y una fuerza narrativa débil, como fruto del aburguesamiento del mundo del cine. Lo que Dogma 95 defiende es: ¡oye, volvamos a hacer películas de verdad! ¡oye, volvamos a hacer Cine con mayúsculas y dejémonos de rodar "merchandising"! ¡oye, si el cine son historias filmadas con actores y en lugares concretos, hagamos eso, filmemos la realidad que tratamos de representar en la película! Y, qué mayor realismo que la de filmar, eso, la realidad, lo que vemos nosotros, lo que ve el director, lo que hay, sin añadidos post-produccionales y demás decorados absurdos, burgueses y evasivos.


         Del mismo modo, Dogma 95 también pretende que lo que se grabe sea real, se dé tal cual en la realidad y se aproveche para grabarlo y, plano a plano, se construya una película. Es algo difícil, ya que por esa regla de tres, un muerto debería estar muerto de verdad, o un golpe debería ser real, por lo que el cumplimiento tan extremo de las ambiciones de Dogma no llega a darse, si no que, dentro de lo que cabe, se tratan de respetar esas imposiciones en la medida de lo posible. En resumen, Dogma 95 trata de devolver la pureza del cine, buscando la supeditación de lo meramente audiovisual o sensacional hacia lo argumental y narrativo, como verdadera fuerza motriz de una historia o realidad plausible que dé pie a la creación de una película para representar dicha realidad.


LARS VON TRIER and Lars Vinterberg - European Film Awards 2008 - Press Room
Levring, Kragh-Jacobsen, Von Trier & Vinterberg
          El concepto que intentaba propulsar el Dogma 95 fue toda una revolución, no en cuanto a seguimiento y sí quizás en cuanto a la consideración de locura. Locura porque lo que los directores daneses pretendían era erradicar la labor de post-producción de una película, aún a pesar de que su obra podría resultar completamente amateur. Imaginaos una película que, tal cual se filma, tal cual se queda, que no tenga añadidos posteriores, sin música, sin mejorar el sonido, sin suavizar la imagen, sin efectos. ¿Os parecería aburrida? Podría parecer aburrida en cuanto a poco dinámica, poco atractiva si lo que se busca son remilgos estéticos, emoción-acción o puro entretenimiento con poca profundidad, evasivo y poco artístico. Pero la realidad es que, será casualidad, pero las películas "puramente" Dogma (ni los iconos del Dogma 95 llegan a respetar al pie de la letra el "Voto de Castidad") tienen una carga dramática increíble, muy intensa, psicología pura. Consiguen potenciar una buena historia, unos buenos diálogos y sobretodo, la realidad de las situaciones, a cambio de repudiar los artificios (para ellos) irreales y manipulables que conlleva la labor de post-producción.


         Puede resultar poco estilizado, ya que los movimientos de cámara son bruscos y pasan rápidamente. No suele detenerse en un plano más de lo necesario, una vez acabada la acción o el diálogo se centra en otro punto. Prácticamente, considera innecesario permanecer más de lo necesario mostrando a un personaje o un objeto, a menos que sea para reflejar el impacto dramático de la secuencia. Lo bueno que tiene esta forma de dirigir es que, si se centra más de lo necesario en un personaje es para mostrar una realidad anímica o psicológica en el personaje de forma visible, por lo que se potencia mucho la expresividad de los actores, sin llegar a límites germánicos, pero si mostrando un cariz temperamental y que da fuerza al dramatismo.

Certificado Dogma de "Los Idiotas" de Lars Von Trier

         Con la invención del concepto, quizás más ideal o utópico que real, de Dogma 95, se desarrolló el Manifiesto que contenía un decálogo, denominado "Voto de Castidad". Estas directrices, las debía respetar toda película para ser considerada Dogma 95. Más o menos, el decálogo venía a decir esto:


1- No pueden utilizarse decorados artificiales o de estudio, la película se debe rodar en ubicaciones reales. Por ejemplo, si tienes que rodar el interior de una casa, debes ir a esa misma casa y rodar dentro de ella, no puedes construir las habitaciones en un estudio y grabar allí dentro la película. Así mismo, se supone que los contenidos de las ubicaciones deben mostrarse inmutables, por lo que el director deberá esforzarse para dar con el lugar perfecto para la toma sabiendo que nada de lo que se encuentre allí se podrá cambiar o eliminar. Esta primera regla puede resultar muy fácil, pero a la vez bastante complicado, ya que es relativamente difícil encontrar una ubicación que cumpla los requisitos y que no haya que modificar en cuanto al espacio para filmar y la luz necesaria. 


2- El sonido debe grabarse a la vez que la escena, nunca se podrá añadir más tarde. Uno de los añadidos más comunes en post-producción es la inserción de la banda sonora o la mejora de la calidad del sonido, por ejemplo, orquestas o música en vivo. Por ello, resulta lógico que, si bien se intenta marginar la función de post-producción, sea requisito que la música que aparezca en la película (y siempre será elementos visibles en la escena, radios, orquestas, móviles, cantantes) sea grabada a la vez que la acción.

       Por ejemplo, si estamos grabando una fiesta y en esa fiesta hay música, esa música se graba a la vez, y se queda tal cual se haya grabado, no se modificará ni aumentará el volumen o la definición más tarde. Lo mismo ocurre con los ruidos, por ejemplo, coches, tráfico, cosas al caer, el sonido permanecerá siempre unido a lo que vemos, nunca se podrá insertar después.


3- No se pueden usar trípodes ni soportes para la cámara, se ha de rodar cámara en mano. Del mismo modo, todo movimiento que quiera hacerse con la cámara tiene que resultar de un movimiento corporal del cámara, no se usan raíles ni soportes fijos, de modo que la cámara tiene más movilidad y se mueve con más soltura. Puede parecer desequilibrada, que se mueve demasiado, pero es eso lo que se busca, si bien hay quienes opinan que la imagen debe mostrarse centrada y no moverse, Dogma aboga por la absoluta soltura de la cámara, aunque la composición de la fotografía y la belleza del plano se resientan.

       La cámara al hombro o en mano resulta muy útil en escenas de acción o en travelling sin estabilizador, pero Dogma la usa para transmitir que lo realmente importante es la carga dramática de lo que ocurre en la película, además que el uso de soportes o trípodes, o cualquier sistema de estabilización supondrían una falta de movilidad que imposibilitaría el movimiento rápido entre los personajes o los objetos.


4- No puede utilizarse iluminación ni focos, lo cual obliga a grabar a las horas del día en las que transcurre la acción. Si se debe grabar en alguna zona que está oscura, no puede utilizarse más que un foco simple acoplado a la cámara para iluminar la zona. En caso de que el foco simple no baste, la imagen deberá permanecer oscura aunque suponga una falta de visibilidad para el espectador y no se vea con precisión. Del mismo modo, si hay alguna zona con exceso de luz, ya sean ventanas o rosetones, no podrán taparse, deberá esperarse a que la luz de la ubicación sea la adecuada para grabar.


5- No pueden crearse efectos especiales, ya que ninguna película dogma debería necesitar crear una situación por ordenador, ya que es completamente contrario a las pretensiones de mostrar la realidad. Ninguna película dogma ha necesitado crear una explosión o una colisión que no pudiera grabarse de forma real y controlada. Del mismo modo, la imagen permanece también inalterable una vez se haya grabado.


6- El sexto voto dice así, "la película no puede tener una acción o desarrollo superficial (no pueden existir armas ni acontecer crímenes en la historia)", esto es, la película debe perseguir algo más allá de lo aparente, del mismo modo que es una ayuda para distanciarse del cine de género (otro requisito fundamental).


7- La película debe mantener la alineación espacio-tiempo, no pueden darse saltos que des-ubiquen la acción y confundan sobre el momento y el espacio de la acción. Aunque la analepsis (flashback) y prolepsis (flashforward) son técnicas muy utilizadas y que no provocan necesariamente confusión entre los espectadores, se consideran irreales y artificiales, ya que es una técnica que puede utilizarse en la literatura o en el cine pero nunca en la realidad, a lo que Dogma prefiere acercarse.


8- No pueden filmarse películas de género, por este motivo "El Proyecto de la Bruja de Blair" (Daniel Myrick, Eduardo Sánchez, 1999) no pasó la criba para ser reconocida como una película Dogma 95, ya que pertenecía visiblemente al género de terror. Con este voto, Dogma pretende impulsar al cine a crear películas sobre temas que no estén sobre-explotados y que se den en el día a día, ya que rara vez ocurre en la realidad cualquier historia que esté enmarcada taxativamente en un género concreto.


9- "El formato de la película debe ser de 35 mm", no obstante, en la práctica este voto era desatendido continuamente, grabando, finalmente, el vídeo y con cámaras digitales todas las películas. 


10- Según el último voto, el nombre del director de la película no debía figurar en los créditos. Era una forma de quitarse el mérito, ya que, según el Manifiesto, la labor del director se veía elevada a la consecución de su película, siendo más importante la acción, la realidad, la historia y la película que el director que la haya creado.


    Después del decálogo, continuaba el manifiesto así:

    "Desde ahora en adelante, prometo como director no ejercer ningún tipo de gusto personal. Ya no soy un artista. Desde ahora en adelante prometo no crear una "obra", ya que considero que el instante y el ahora son más importantes que todo el producto. Mi meta absoluta es forzar la verdad de mis personajes. Prometo hacerlo a toda costa dentro de mis posibilidades y a costa de cualquier buen gusto estético".

Carátula de "La Celebración", primera película Dogma
         Así concluía el "Voto de Castidad" firmado por Lars Von Trier y Thomas Vinterberg el 13 de Marzo de 1995 en Copenhage. Es toda una manifestación de intenciones de renovar la industria cinematográfica y, progresivamente purificar el panorama artístico, de modo que "cine" sea sinónimo de "realidad" y antónimo de "artificio". No obstante, salta a la vista que la trayectoria pura del Dogma 95 tuvo un corto recorrido. Las principales películas fueron "La Celebración" (1998) de Thomas Vinterberg, "Los Idiotas" (1998) de Lars Von Trier, "Mifune" (1999) de Kragh-Jacobsen, "The Kings Is Alive" (2000) de Kristian Levring e "Italiano para Principiantes" [Dogma XII, (2000)] de Lone Scherfig. Sin embargo, incluso Vinterberg y Von Trier han reconocido haber violado algún principio de Dogma 95 para hacer sus películas, lo cual es muy sencillo, ya que la rigidez a la que obliga seguir los principios hace muy difícil crear una película que no roce la Serie B.

         Para quien esto escribe, y considerando como escasas las películas verdaderamente Dogma 95 (aún sabiendo que no cumplen al 100% con los requisitos, más ideales que realistas), la que mejor representa el concepto es "La Celebración" o "Dogma #1 - Festen", película que haría famoso a Thomas Vinterberg y ganador del Premio del Jurado de Cannes en 1998, aunque en los créditos de la película no figurara su nombre, cumpliendo así el último requisito del decálogo. Del mismo modo, "Los Idiotas" sería la segunda película purista que siguiera el espíritu de Dogma 95. Abajo os dejo el trailer promocional de "La Celebración", en él podréis percibir rasgos de algunos de los requisitos de Dogma.



          En conclusión, no es de extrañar que el espíritu casi puritano de Dogma 95 no haya encontrado su sitio, si bien ni los mismos promotores llegaron a cumplir enteramente con el espíritu que defendían. No obstante, si bien podemos dar por muerto el estilo puro de Dogma 95, está muy presente en la filmografía danesa, ya que cualquier cineasta danés y algunos europeos, cumplen con la mayoría o parte de los requisitos, aunque se consideren marginales, lo que demuestra que, lejos de haber pasado sin pena ni gloria por la historia del cine, sí que ha sabido crear influencia aunque sea a través de solo un puñado de películas. Von Trier, antes de filmar "Los Idiotas" (más purista que "La Celebración"), ya apuntaba maneras con "Rompiendo las Olas" (1996), y también respetaría hasta cinco postulados de Dogma en "Bailar en la Oscuridad" (2000), una de sus mejores obras.

        A día de hoy, existen más de 20 películas que hayan cumplido los requisitos de Dogma, hayan pasado la criba de selección y hayan conseguido el Certificado de película Dogma, sin embargo, la tendencia predominante es la de algunos europeos, atender a ciertos requisitos y prescindir de otros. Por ejemplo, últimamente la cineasta que, si bien influida por Dogma 95, no acaba de respetarlo en su totalidad, es Susanne Bier, directora danesa que ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera en 2011 por "Hævnen (En un Mundo Mejor)" y cuya cúspide dogmática alcanzó con "Brødre" ("Hermanos") en 2004, convirtiéndose en la mejor representante de esta corriente cinematográfica en la actualidad. Si bien ya apenas se crean películas Dogma 95 (cuyo requisito indispensable sería obtener el Certificado), si que es común poder vislumbrar un leve recuerdo a esta corriente en muchas películas europeas, sobretodo en un ligero respeto a algunos de los mandamientos del decálogo.

Dura estadística

-Yo nunca me resfrío.
-Las estadísticas dicen que cada neoyorquino entre los veinte y cincuenta años pasa dos resfriados y medio al año.
-Eso me hace sentir terriblemente mal.
-¿Por qué?
-Si yo no me resfrío, para que las estadísticas cuadren, algún pobre neoyorquino debe pasar cinco resfriados al año.
-Ese soy yo.

"El Apartamento" (Billy Wilder, 1960)

sábado, 12 de noviembre de 2011

Sobre Edward Bloom


"
Un hombre cuenta sus historias tantas veces que al final él mismo se convierte en esas historias. Siguen viviendo cuando él ya no está. De esta forma, el hombre se hace inmortal"






  "Big Fish" (Tim Burton, 2003, adaptación Daniel Wallace)

Sin más.

         
         Era una persona muy rara, bastante rara, originalmente rara. Pero, en el fondo, era buena persona. O al menos eso dicen. Tampoco suelo hacer mucho caso a lo que diga la gente, sobretodo si son sus amigos, o peor aún, los tuyos. Te dan una opinión sesgada y parcialmente alterada, información manipulada. No, prefiero quedarme con mi propia impresión, mi propia opinión. Sí, creo que será lo mejor. Pues bien, como decía, era una persona rara, rara, y tenía un problema importante, ¡no paraba de hablar! Era muy pesado, bastante pesado, originalmente pesado. Era como un niño pequeño, lo hacía con gracia e inocencia, y se enfurruñaba cuando le decías que, por el bien del mundo, se callara. Nunca lo entendía, él consideraba que nos estaba dando una clase magistral sobre cualquiera de sus miles de tonterías, cosas aburridas y sin utilidad aparente. 


      De vez en cuando, venía triste a clase, otras veces, alegre. Era bastante desconcertante, nunca sabías cómo pillarle. Bastaba con que le sonrieras para que te fulminara con la mirada. Por el contrario, si algún día estabas triste o preocupada no paraba hasta arrancarte una sonrisa. También tenía una manía horrible por dramatizar su vida, siempre decía frases estúpidas, gestos absurdos, conclusiones descabelladas, ¡cómo si tuviera una cámara grabándole al lado! Rara vez decía lo que pensaba en realidad, le gustaba provocar a la gente, él sabrá porqué. Era capaz de decir cualquier salvajada incluso cuando el tema no admitía juego alguno,



    Continuará...si la pereza lo permite (es mentira, no cabe duda alguna, la pereza no lo permitirá, vaya, que se ha acabado).


jueves, 10 de noviembre de 2011

Un poco harto de Chuck Palahniuk (no obstante, dícese que hay que leer de todo)



          Creo que no volveré a leer ningún libro de Palahniuk, en serio, me cansa un nihilismo tan desagradable y poco estético. Palahniuk es nihilista primitivista por naturaleza, critica mucho la política, la moral y lo que escribe es desagradable, da detalles que uno no quiere saber, y sobretodo, tiene una carga pesimista que envilece a sus personajes. Quizás sea muy crítico psicológicamente, pero también es un completo mal educado, de verdad, es uno de esos escritores que tuvieron éxito cuando de verdad hicieron algo bueno y ahora viven de las rentas, no se esfuerza por crear belleza, ni siquiera la reconoce. No creo que nunca haya pensado que algo es bello, no tiene gusto estético. Ese es el único motivo que se me ocurre para justificar su producción literaria.


          "El Club de la Lucha" (1996) fue su primera novela, realmente buena, y maravillosamente adaptada por David Fincher (sin duda, una de mis películas favoritas). Al menos, en "El Club de la Lucha", sabes que todo lo antiestético, todo diálogo subido de todo o simplemente repulsivo, trata de justificar a los personajes, de ampliar su psicología y darnos a entender porqué la acción es tal y como es, porqué están tan derrotados moralmente los protagonistas. "El Club de la Lucha" aboga por postulados anticapitalistas, con una firme intención destructiva frente al estilo de vida consumista y materialista (que cada uno piense si es bueno o malo). "El Club de la Lucha" se podía leer, podías sentir repulsión cada cuatro páginas. En cambio, el resto de sus libros, la repulsión te atenaza página a página.




          De verdad lo digo, me niego a leer más Palahniuk, a no ser que un día me dé por volver a leerlo. "Asfixia", tan reconocida y con tantos pequeños atisbos de calidad, no deja de ser una salvajada argumental (hasta el punto que en un momento el protagonista se plantea si realmente es hijo de Jesús). Por ejemplo, la última novela que he leído de Palahniuk, "Snuff", es otra burrada, y, si bien el argumento es mezquino y de lo más reprobable, los detalles y el lenguaje empleado no hace otra cosa que inquirirte poco a poco que tires el libro por el balcón. "El Club de la Lucha" sí, genial, muy bueno, un futuro clásico de la literatura de los 90, aún así, le debe mucho a la película (sí que sí, una de las mejores de los 90). Planteó un panorama derrotista y penoso de forma magistral, todo lenguaje o palabra odiosa servía al nihilismo de los personajes, y ellos mismos se encargaban de hacer el argumento, la forma narrativa y el final tan maravillosos. Pero, ¿las demás novelas?. "No, gracias" no, "No, por favor".


          Aún así, todavía me pregunto a cuál tolero más o menos, si a Chuck Palahniuk o a Irvine Welsh, quien, en realidad me parece más desagradable, incorrecto y antiestético. Irvine Welsh saltó a la fama en 1993 por "Trainspotting", adaptada al cine por Danny Boyle en 1996 (otro clásico del cine de los 90 y, sin dudarlo, una de mis películas favoritas). Trataba sobre el mundo de las drogas, sobre el triste y patético mundo de las drogas, sin embellecimientos glamurosos ni sociales, un grupo de yonquis que desfallecen por su próxima dosis de heroína. Se podría decir que Welsh pertenece a la "novela obrera escocesa" porque es realmente grotesco y deslenguado, no tiene el más mínimo criterio de estética o belleza literaria, y tiene cierta animadversión hacia lo inglés y lo burgués.









   
      


           De Welsh solo salvaría "Trainspotting" y de Palahniuk "El Club de la Lucha", ambas novelas imprescindibles si te interesa la literatura bajera y/o con visión anti-materialista y destructiva. Es más, lo que realmente debería hacerse es ver las películas y leer los libros, partiendo de la base que igual son un poco escandalosos y ruborizantes para muchos, pero bueno, siempre puede hacerse la vista gorda y "leer por leer" y "ver por ver". De todos modos, mientras (al menos para quien esto escribe) las novelas no asientan ninguna cátedra, las películas sí que lo hacen, regalando momentos memorables para la historia del cine (por ejemplo, la introducción de "Trainspotting", publicada en alguna entrada en este blog, o el personaje de Tyler Durden encarnado por Brad Pitt en "El Club de la Lucha").
          


         Pues lo dicho, no creo que vuelva a leer más de dos o tres libros de ambos autores, y si lo hago, será para adquirir más información para poder lapidarlos y reprobarlos más, y mejor.


miércoles, 26 de octubre de 2011

"Otra completa lástima" (Ensayo 4º "Claves del Pensamiento Actual")

          
         Es triste ver cómo algo muy importante para muchos se ve trivializado y banalizado por tantos otros, se automatiza y animaliza, se pervierte y se envilece, se prostituye.  Más triste es ver y palpar la decadencia de la razón, la voluntad y el amor propio, la levedad de los ideales y la incisiva contundencia de lo momentáneo.  A estas alturas de nuestras vidas estamos más que acostumbrados a ver, en los demás o en nosotros mismos, la sumisión de la decencia y la virtud a impulsos desprovistos de sentimientos que únicamente obedecen a lo más básico de nuestro ser, a lo más superficial y lo más inmediato.  


           Vivimos en una sociedad sobresexualizada, anuncios publicitarios o tendencias con gran carga erótica se convierten en el menor de los problemas, el principal problema se asemeja a la mentalidad “abierta” que se instaura en cada joven, apertura de mente que repudia la castidad, la virginidad y la contención de los impulsos, una apertura de mente tan amplia que abre la puerta a la degradación, el arrepentimiento y la devaluación del sexo.  Ese es el problema, la pérdida de valor del acto sexual, el “todo vale”, el no necesitar un criterio inmutable para entregarse, no sólo no necesitarlo, sino llegar a inventarlo.  Unos dirán que Troya cayó por amor, mientras que otros dirán que cayó por lujuria.  Son dos visiones y una tiene más razón que otra.


          Siempre he pensado una cosa, quizás sea un poco absurdo, pero estoy completamente convencido: cada uno de nosotros nacemos con un “valor” (lógicamente, con similar dignidad), unos valen X y otros Y, más o menos, dependiendo de los méritos, las actuaciones y las decisiones.  Ese “precio” se aumenta o rebaja, según actuemos bien o mal, nos hacemos un hueco en el Mercado de Valores o lo perdemos.  Es lamentable ver cómo, día a día, personas con un valor incalculable se entregan o voluntariamente se deprecian o devalúan entregándose por menos de lo que deberían recibir a cambio.  Podría ser inmoral, pero, ya que estoy economizando la transacción, por lo menos sería  un muy mal negocio, sobre todo si el principal motivo de dicho negocio es un comportamiento irracional y completamente turbulento. Siguiendo con el ejemplo, mediando amor real o ilusión del mismo, un mal negocio, que en la práctica sería una entrega desinteresada, podría intentar justificarse con esa premisa.  Pero la entrega interesada, pues así concibo a una entrega carente de amor, no encontraría, según mi absurda teoría, justificación alguna, salvo el reconocimiento de la pérdida de valor por arriesgar y operar con valores inseguros, y sí, inmorales.


          Pero qué difícil es remar a contracorriente teniendo la sociedad que tenemos sobre nosotros, que en cierto modo, intenta adoctrinar para que en el consenso y consentimiento generalizado podamos todos acceder a goces propios del amor y adaptarlo al terreno de lo práctico, lo apetecible y lo lascivo, y sí, repito, lo inmoral. Lo que unos llaman “castidad, celibato o virginidad”, otros lo llaman “represión sexual u opresión de nuestro propio desarrollo”. Lo que unos denominan “espera” otros lo califican de “tortura”, lo que unos legítimamente llaman “elección o decisión” otros lo banalizan como “manipulación”. Qué pena que todo ocurra por no saber dominarnos, por ser débiles y no tener criterio, por no saber lo que queremos. Obrando mal, perdemos valor, nosotros y quien creemos querer, no pensamos en el mañana ni en el final, solo queremos aprovechar el ahora y el momento. “Todo es el momento” podría decirse, pero, en realidad, “todo” lo será en el futuro, la durabilidad, la familia, la autenticidad y la reiteración de los sentimientos. Sería una dulce ambición que cada persona fuera lo bastante valiente para entregarse solamente a la persona que la merezca y poner al tiempo y a la mesura como árbitros y testigos de dicho merecimiento, es decir, aguardar y asegurarse mientras dure el noviazgo. Si por la razón que fuera, te precipitaste en relaciones anteriores y te percatas del daño que provocaste y también sufriste como consecuencia de conseguir lo que querías, la redención, o vuelta atrás, consiste en saber cambiar, en poner los medios para no caer más, hasta el día que lo merezcas dando a cambio un amor verdadero y no un reflejo de algo que fingiste.


          Aparte del cariz duradero que se le quiera otorgar a una relación, basada en algún sentimiento o solo en temática sexual, es importante distinguir a las personas que lo conforman. Hoy en día podemos ver de todo, personas apasionadas y entregadas desinteresadamente de la forma más sincera, y personas manipuladoras, aprovechadas y maliciosas, que no dudan en aprender los métodos más casanovescos y viles para competir con la histórica sombra del Marqués de Sade, Casanova o Da Ponte. Hoy en día, podemos comprobar cómo el libertino y pícaro “Don Giovanni” se instaura en la mentalidad de todo joven carente de sentimientos verdaderos o criterio ético, siendo el sexo la actividad favorita de triunfantes acaparadores y embaucadores que no dudan en adueñarse de bienes paradisíacos ajenos.


          No resulta extraño comprender los motivos que impulsan a semejante mentalidad, ya que la poderosa tentación sexual puede llegar a estar omnipresente, pero en esta materia sería necesario cambiar el significado de “conquista” por el verbo “sucumbir”, ya que es equivalente el entrecomillado mérito a la debilidad de la cual se hace gala. De ahí, la importancia de marcar la existencia de un amor sincero, auténtico y demostrable como criterio de entrega sexual a la persona a la que se ame. Es importante saber decidir cómo y por qué sucumbir o entregarse ya que dicha decisión constata una gran parte de nuestra historia y personalidad. Es innegable que dentro de una entrega sexual también va implícita cierta entrega de nuestro ser, entregamos nuestra voluntad y lo hacemos por amor, es lo que da sentido a la entrega y la legitima. Entregarte a ti mismo, tu voluntad y todo tu ser a cambio de puro placer animalizado, es sexualizar una entrega que es más moral y espiritual que física, si lo contemplamos con los ojos de quien cree que el amor es la puerta principal del sexo y no una ventana más. Optar por lo fácil, no esperar, sino ansiarlo sin merecerlo, sería, en conclusión, otra completa lástima.

martes, 25 de octubre de 2011

"Bahman Ghobadi: icono de la 3ª Generación de la Nueva Ola de Cine Iraní" o "Subgénero protesta: Derechos Humanos Pt.1"


                             
       
         Tenía pensado escribir un poco sobre Bahman Ghobadi, director kurdo-iraní ("Half Moon", "Las Tortugas También Vuelan" y la notable "Nadie Sabe Nada de Gatos Persas"), perseguido y censurado por el régimen pseudo-democrático de Ahmadineyad. Crítico con la inexistencia de derechos humanos en Irán, sobre todo la falta de libertad de expresión y de reunión ("Nadie Sabe Nada de Gatos Persas"), y con la situación de los refugiados kurdos en el Irak anterior a la intervención norteamericana. Muy realista, crudo, desagradable, poco sutil, poco preocupado por depurar la técnica, apenas hace hincapié en un par de encuadres y el resto lo deja al azar, pero, si es algo, es auténtico, bocazas e irrefrenable. No se calla, y, al menos por esta vez, eso es algo muy bueno, más aún teniendo en contra todo un gobierno arbitrario y cerrado en banda a la occidentalización de su cultura. 


          Aprendiz de Abbas Kiarostami ("A Través de los Olivos", "El Sabor de las Cerezas" y "El Viento Nos Llevará" entre otras), es considerado fiel seguidor de la "Iranian Cinema New Wave", movimiento que surgió, sobretodo de la mano de Kiarostami y Jafar Panahi (segunda generación de la nueva ola), en un principio a modo de alabanza a las "mejoras" políticas  e ideológicas que se dieron en el país tras la Revolución Islámica de 1979. Comprensible la supuesta "venta" de las primeras generaciones de cineastas iraníes, ya que, a diferencia (al menos en apariencia) de la situación actual, la política interna era mucho más estricta y las amenazas institucionales y religiosas estaban a la orden del día en materia de censura en toda expresión artística que distara del fundamentalismo existente.

Fotograma de "Las Tortugas También Vuelan"

          De Bahman Ghobadi, me centraré solo en una película (ya hablaré más adelante de "Nadie Sabe Nada de Gatos Persas", 2009 ), "Las Tortugas También Vuelan", una de las películas más fuertes y desgarradoras que he visto en mucho tiempo, un puñetazo que dura 95 minutos. Trata sobre la precaria situación de los refugiados kurdos en la víspera de la intervención norteamericana en Irak. La acción transcurre en un pequeño campo de refugiados, completamente incomunicado e ignorante de la próxima intervención militar, donde los niños ni juegan ni ríen, recogen minas antipersona, no tienen juguetes, tienen manos, y las amputaciones a causa de explosiones se suceden día tras día. La crítica se rindió ante esta película, además de constatar el interés humanitario de Ghobadi. Pero éste no dejó de recordar a los espectadores que asistirían a una película tan cruda como la realidad que sufren día a día los niños kurdos. Es una muestra perfecta de la situación de precariedad, más política que humanitaria, en las que vivían los kurdos durante la dictadura de Saddam, pero la crítica del director también llega a Europa y Estados Unidos. En palabras de Ghobadi: "en mi película el trabajo de los niños consiste en encontrar minas antipersona para después venderlas porque, desde que se inventaron, Kurdistán ha sido y sigue siendo uno de los países más afectados por ellas. Los fabricantes norteamericanos y europeos se las vendieron a dictadores como Saddam u otros que las diseminaron por todo el país. Creo que llevará mucho tiempo retirarlas. Cada día, cada hora, hay personas inocentes que mueren o quedan mutiladas por ellas. Incluso hay familias en el Kurdistán que ponen el nombre de Mina a sus hijos recién nacidos"Este director, una vez tras otra, ha demostrado un gran interés por los Derechos Humanos y las vulneraciones que sufren en su país, dejando patente la moda,  más independiente que comercial, del subgénero protesta o de derechos humanos.
 
        Aquí dejo la escena final de la película, no creo que haga falta haberla visto entera (aunque sería lo ideal) para comprender lo que ocurre y, efectivamente, encontrar el matiz duro, patético e impactante de la película.


Puntuación FilmAffinity:  7.7  ("Las Tortugas También Vuelan")
Puntuación mía:  8.0


lunes, 24 de octubre de 2011

"Clint Mansell, ese genio moderno" o "La importancia de una buena banda sonora"


          Quizás sepáis quién es Darren Aronofsky, si no le conocéis, seguro que conoceréis su obra cinematográfica. Para mi es, sin duda alguna, uno de los directores más en forma en la actualidad, desde su primera película ("Pi, fe en el caos" 1998) no ha hecho más que mejorar y pulir su técnica visceral, rápida, impactante y agresiva. Se ha ido perfilando como uno de los grandes retratistas de la obsesión y la paranoia, a su obra me remito. Desconocedor del cine fácil y el guión típico, sus películas buscan ser mero espejo de los pensamientos, sentimientos, miedos y ambiciones de personajes atípicos que siempre acaban mal. En 2000, filmó "Réquiem por un Sueño", sin ninguna duda, una de las películas con nombre propio de la pasada década, un auténtico salto de calidad en dos años, una dirección modernista y rápida, muy editada y montada, en contraste con la temática de las drogas (divididas, según mi opinión, en ilegales y socialmente aceptadas) y la paranoia que puede crear en las personas, por necesidad o por ambiciones obsesivas. "Réquiem por un Sueño" solo tuvo una nominación a los Oscar's, mejor actriz principal (Ellen Burstyn), siendo incomprensible que no fuera nominada la banda sonora de Clint Mansell, cuya melodía principal, que aparecen en varias canciones, ha sido utilizada en decenas de anuncios televisivos y tráilers cinematográficos. Aquí os dejo la canción "Lux Aeterna", seguro que la habréis escuchado muchas veces sin saber de quién o de que película era.

                                         


          En 2006 filmó "La Fuente de la Vida" (vapuleada por la crítica) con Rachel Weisz y Hugh Hackman, película quizás más calmada, más convencional en la dirección, pero con una fotografía brillante y más mística, donde la banda sonora tendría una gran importancia como forma de sensibilizar al espectador y embellecer el argumento. La banda sonora, obra, como siempre, de Clint Mansell, es increíble, pierde influencias de lo electrónico y se centra más en el post-rock orquestado (colaboración de Mogwai), se centra más en lo melódico, con un cuarteto de cuerdas (Kronos Quartet) como intérpretes de la mayoría de las piezas. Clint Mansell se ha erigido como uno de los más grandes compositores actuales, en la actualidad inferior únicamente a los grandes como Desplat (quién le arrebató el Globo de Oro en 2006), Zimmer, Shore o Murphy. Tras "La Fuente de la Vida", Aronofsky solo ha dirigido dos películas más, ambas con pasajera resonancia en los Oscar, "El Luchador" y "Cisne Negro", de idéntica crudeza (obsesión y paranoia de los protagonistas dentro de un mundo temático concreto: matemáticas, drogas, medicina y ahora wrestling y ballet), ambas con Clint Mansell como compositor. Os dejo a continuación la canción "Death Is The Road To Awe" de "La Fuente de la Vida", con la que el compositor optó al Globo de Oro. Es impresionante, y se puede apreciar muy fácilmente la influencia del post-rock al final de la canción, la interpretación del Kronos Quartet es impecable y transmite mucho misticismo a la película, ya de por sí extraña.
  
                                        

         En conclusión, si bien Aronofsky es uno de los mejores directores de cine en la actualidad, cuya mejora hasta ahora está siendo progresiva y cada vez con más calado en el mundo del cine y nominaciones en grandes certámenes, Clint Mansell deberá optar a los Oscar de la mano de Aronofsky, ya que los argumentos de sus películas son un gran telón de fondo para el talento de Mansell. Son una pareja de gran calidad y es una lástima que, si bien sus películas serán sin ninguna duda películas de culto en el futuro, su dualidad no esté más reconocida a nivel de crítica y taquilla, ya sea por la incomprensión que genera en el espectador medio o por la impresión aberrante que muchos sacan de sus películas. Para acabar, os dejo otra canción, interpretada completamente por piano, más convencional y sin toques del post rock ni de la percusión.